Picapiedra

17 febrero 2006

PUERTA DE LA LATINA


Esta portada, uno de los contadísimos ejemplares del plateresco en Madrid, fue el principal ornato -embebida y airosa en una másica y casi ciega pared- del Hospital de la Concepción de Nuestra Señora; fue ésta fundación (1499) de Francisco Ramírez -esposo de Beatriz Galindo, «la Latina»-, que se terminó de construir (según registra la clave del arco) en 1507. Antes de su terminación la propia Beatriz Galindo había fundado, adjunto al hospital, el convento de religiosas de la Concepción de Nuestra Señora (1502); el conjunto -hospital y convento-, se situó extramuros del recinto amurallado, junto a la Puerta de Moros, y llegó a tener marcada repercusión en la configuración del Madrid del XVI.

Gaya Nuño, en La arquitectura española en sus monumentos desaparecidos, atribuye la obra al arquitecto hispano musulmán Hazán, y así la describe:
«La bella portada, típica muestra del mudejarismo que afectó a nuestra última arquitectura gótica, era de arco de herradura apuntado, con gran dovelaje, muy ricamente decorado el intradós con bolas y cardinas. Sobre el arco, dos blasones, una imagen de monje, otra de salvaje, y, en el centro, bajo doselete, un grupo en alto relieve figurando la Visitación. Encima, ventana, y todo ello incluido en alfiz articulado, que se decoraba con el cordón franciscano y acantos cuadrifolios. Bajo el grupo de la Visitación, leyenda en letras capitales, que rezaba: ESTE HOSPITAL ES DE LA CONCEPCIÓN DE LA MADRE DE DIOS QUE FUNDARON FRANCISCO RAMÍREZ Y BEATRIZ GALINDO SU MUJER. AÑO DE 1507».


Y a ella cabe aplicar también lo que Torres Balbás explica de las portadas de la arquitectura civil del tiempo de los Reyes Católicos; pero nuestra portada, en vez del frecuente arco de medio punto que describe Torres Balbás (pensando en casos como el de la Casa de los Momos, en Zamora, o la de Juan Bravo, en Segovia), emplea un característico arco apuntado: ligeramente túmido, de dovelas también poderosas y lisas, que definen un amplio y desnudo plano de frente, sólo quebrado -mediante una embocadura ornamentada- en su encuentro con el intradós (de modo no muy distinto, por ejemplo, al arco semicircular de la Casa de los Momos). El tema -tan significativo en esta puerta- del alfiz, afín a los esquemas geométricos que ciñen las composiciones de nuestro gótico tardío, ha sido señalado por Chueca como uno de los invariantes castizos de la arquitectura española: «La tendencia a la cuadratura no sólo se advierte en las arquitecturas de raíz morisca, sino en nuestro propio arte gótico. Aun en este estilo, el más difícil de cuadrar por su agudeza y verticalismo, la arquitectura española impone su afán de horizontalidad y cuadratura». Y este motivo, conjugado con el arco apuntado, configura en esta portada un esquema compositivo ciertamente afortunado, que propició no pocos epígonos. La puerta de la Latina inspiró directamente distintas recreaciones en Madrid y otros lugares: antes de su desaparición de la calle de Toledo sirvió de modelo para la fachada neomudéjar de la madrileña iglesia de San Fermín de los Navarros (1891), obra de Carlos Velasco y Eugenio Jiménez Corera; y, muy próxima a ésta -en la ampliación del palacete de Osma, en la calle de Fortuny-, fue literalmente reproducida (1917), ya tras el desmantelamiento del antiguo Hospital.

La puerta de la Latina también tuvo fortuna fuera de España. Descrito su alzado, junto a algunos pormenores de la escalera del hospital, en la encomiable serie de los Monumentos arquitectónicos de España, que tan gran difusión alcanzó en otros países, conoció algunas recreaciones en los Estados Unidos: el profesor Merino de Cáceres, en sus estudios sobre las arquitecturas del spanish revival en Florida, ha señalado curiosas reproducciones de la portada en grandes mansiones de Palm Beach, en los últimos años veinte.

Pero volvamos al solar de origen. En 1904 se había derribado el conjunto del Hospital y Convento de la Latina, expropiándose parte de la parcela, para ensanchar la calle de Toledo; la gran pérdida patrimonial que esta demolición supuso se palió -mediando las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes- con la recuperación de las piezas más representativas de ese plateresco: junto a nuestra portada, parte de la escalera y los sepulcros del matrimonio fundador. La escalera se reconstruyó en la Casa de Don Álvaro de Luján, cuando era sede de la Hemeroteca Municipal, en la Plaza de la Villa; y la desmantelada portada se llevó a los almacenes municipales, perdiéndose luego la noticia de su paradero.

Ese año el arquitecto Juan Bautista Lázaro había realizado el proyecto para el nuevo convento concepcionista que había de levantarse en el mismo emplazamiento. Su larga fachada a la calle de Toledo, interesantísima contribución al neomudéjar madrileño (hoy incomprensiblemente desfigurada), se flanqueaba por dos variaciones en ladrillo sobre el tema de la desaparecida portada: en el extremo izquierdo, la puerta de la capilla; en el derecho, la del convento. Y este motivo aún lo empleó Lázaro en la estrecha fachada posterior del conjunto, en la Cava Alta (hoy también apenas reconocible). A pesar de que Gaya Nuño señala como indudable que «la portada se desmontó con ánimo de volver a colocarla en la fachada del nuevo edificio conventual (...), ya que éste muestra en su fachada el esquema de la misma», nada de ello se explicita en el proyecto de Lázaro, llevado a cabo y terminado de construir en 1909.

Habría que esperar medio siglo para la recuperación de la puerta de la Latina. A finales de los cincuenta el entonces estudiante de Arquitectura Rafael Manzano Martos se interesó por su paradero y acudió a Torres Balbás, su profesor en la Escuela, quien le indicó que debía de encontrarse en alguno de los almacenes de la Villa; tras recorrer varios de ellos la encontró, finalmente, en uno de la calle de Santa Engracia, donde pudo identificar y medir los sillares y realizar una primera restitución gráfica de la portada.

Informados del hallazgo Torres Balbás y el director de la Escuela, López Otero, se ligó la suerte de la puerta de la Latina a la del Museo Nacional de Arquitectura. Éste había sido creado por decreto del Ministerio de Educación en 1943, con la intención de velar por el patrimonio arquitectónico «reuniendo y ordenando cuantos planos, dibujos, estampas y proyectos, fragmentos de edificios y reproducciones se hallan diseminados por la nación», determinándose como sede la Escuela Superior de Arquitectura de la Ciudad Universitaria de Madrid, cuyo director lo sería también del Museo.

Como explicaría el propio López Otero, la idea de la creación de este museo corrió pareja al proyecto de la nueva Escuela de Arquitectura, pretendiendo reunir y exponer los numerosos dibujos de arquitectura (en gran parte, de los pensionados de Roma del XIX) que todavía se conservaban en el edificio de la calle de los Estudios, y que, en buena parte, desaparecerían en la Guerra Civil; se pretendía también utilizar los jardines que habían de rodear el nuevo edificio, y el gran patio abierto del mismo, para «exponer en ellos trozos o conjuntos auténticos, restos de ejemplares arquitectónicos», pensándose ya en la arruinada portada renacentista del monasterio de San Antonio de Mondéjar, obra de Lorenzo Vázquez, y en nuestra portada de la Latina.

Las gestiones de López Otero lograron que en 1958 el Museo Nacional de Arquitectura obtuviera, por parte del Ayuntamiento, la cesión en depósito de la portada plateresca. Frente a la propuesta municipal para situarla como puerta verdadera del recinto, López Otero optó por una posición más ambigua y rica en significados: formando compás con el frontispicio de la Escuela, fondo de la explanada de ingreso -ya perfilada en su proyecto de jardín-museo (1947) .

El proyecto de anastilosis y recuperación de la portada se confió a Fernando Chueca, quien la incorporó en un cuerpo de fábrica de ladrillo, con cubierta de teja e importante alero, y con una muy acertada fachada posterior. Ésta, describiendo un gran arco de herradura apuntado, y creando un espacio que estratifica la fachada en dos planos, nos remite a algunas destacadas portadas de la arquitectura hispanomusulmana (como, por ejemplo, la Puerta del Vino de La Alhambra, o el Corral del Carbón). El hecho de museificar esta portada -concebida en origen para formar un todo con una extensa y pesada fachada- en un pequeño y exento cuerpo de edificación no era tarea libre de riesgos (como prueban otros intentos de traslados de portadas en Madrid); así y todo, el proyecto de Chueca supo sacar partido, con gran naturalidad, del problema planteado.

El emplazamiento del nuevo volumen resultó igualmente oportuno: escuadrado con la fachada de la Escuela, a modo de fondo escenográfico de la entrada al recinto; la reinstalada portada constituía, además, un marco o mirador del hermoso paisaje de la Casa de Campo, cualidad que, muy poco después, quedaría alterada con la construcción de la Escuela de Aparejadores,que queda tras ella y apenas separada por una breve arboleda. A la erección de la portada en su nuevo emplazamiento (en 1960: cuando la Escuela vivía momentos de militante modernidad, desdeñosa del excesivo peso de los monumentos históricos) acompañó una cierta polémica y contestación. Pero desde entonces la puerta de la Latina ha presidido el ingreso a la Escuela; y ha sido comprendida, acaso como testigo -callado pero elocuente- que cede la historia, por las muchas y tan disímiles promociones de arquitectos que se han ido formando en esa casa. Cuando en 1984 fue declarada Monumento Histórico Nacional adquirió una protección legal inseparable de ese entorno de la Ciudad Universitaria, cerrándose, por tanto, expectativas de ulteriores traslados.

No obstante, el recidivante baile de monumentos que padece esta ciudad de Madrid ha propiciado que se contemple otra nueva mudanza. En 2004 se suscitó en el seno de la Comisión de Estética Urbana del Ayuntamiento -tras una solicitud de un particular- la cuestión del traslado de la portada al «ámbito de la plaza de la Cebada» en el que originalmente estuvo, por lo que se pidió dictamen a la Universidad. El director de la Escuela, Juan Miguel Hernández León, emitió un informe negativo sobre el pretendido traslado, alegando, entre otros aspectos, su pertenencia a los fondos del Museo Nacional de Arquitectura que él mismo dirige. No parece viable ni deseable la mudanza de este monumento, con su memoria y su azarosa biografía a cuestas, a un ámbito que ya no es -ni puede ser- el suyo.




BOLETÍN OFICIAL DE LA ASAMBLEA DE MADRID / Nº 24
1 de abril de 2004

———— PE-124/2004 RGEP.718 ————

Del Diputado Sr. Chazarra Montiel, del GPS,
al Gobierno, sobre previsión, por la Dirección
General de Patrimonio Histórico, de restaurar la
Puerta del Hospital de La Latina, que data del siglo
XVI, habida cuenta de su valor y de su actual estado
de conservación, especificando si ha realizado algún
estudio al respecto.

RESPUESTA

La Dirección General de Patrimonio Histórico
no va a realizar ninguna actuación de restauración
en la Puerta de La Latina, ubicada en la explanada
de acceso a la Escuela Técnica Superior de
Arquitectura de Madrid, ya que, realizada visita de
inspección a la misma, se ha constatado que se
encuentra en buenas condiciones de conservación,
no considerándose prioritaria ninguna intervención
en la misma.

1 Comments:

  • Extrardinaria exposición sobre la portada de La Latina.. ¡..Enhorabuena a las personas que han realizado este trabajo¡ Me he encontrado con una agradable noticia, que mi admirado arquitecto, el más genial restaurador de La Alhambra, Leopoldo Torrés Balbás, que fué uno de los impulsores de su recuperación, después de ser castigado por la dictadura franquista a abandonar la jefatura de conservación de la Alhambra, el dia 25 de agosto de 1936 por orden del comandante militar de Granada Basilio León Mestre

    By Blogger Germán Cano López, at 5:55 p. m.  

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